Lo que debía ser una velada protocolar, cargada de formalidad y cierta distensión entre el poder político y la prensa, se transformó en cuestión de segundos en una escena de confusión y miedo.Todo comenzó con una serie de ruidos secos —golpes que, en un primer momento, muchos asistentes no lograron identificar—. El murmullo habitual del salón se ap...