Existen pocas personas dedicadas a dilatar los horizontes de la belleza, honrando el rastro de quienes supieron dotar el mundo de sentido.
Así era doña Luisa, un alma ligera y difusa, y cuando el tiempo nos puso a trabajar en la geografía de distancias italianas, yo habitando la niebla laboriosa de Milán y ella el sol de mármol de Roma, nuestras voluntades de servicio público se encontraban en el ...